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"El Blog" por Hilario Gómez - Parte VI
Escrito por Hilario Gómez   

 
"EL COCHE QUE CAMBIO MI VIDA"

Allá por mediados del mes de Agosto de 1967, llega al muelle Primo de Rivera, explanada de Tomas Quevedo, el precioso Lancia Fulvia HF. Allí se presento a todo el mundo del automovilismo canario, mi hermano Momín me aviso y fuimos aquel día al muelle, Aquello era un espectáculo, un verdadero Pata Negra del departamento de competición de Lancia. De aquel modelo se hicieron solo 22 coches para el Rallye de Montecarlo, se usaron 12 coches entre el rallye y los entrenamientos, los 10 restantes se repartieron por el mundo, con la gran suerte que D.Antonio Cabral (representante de Lancia en Las Palmas) se agencio una unidad viendo como incrementaba el interés por el automovilismo deportivo en Canarias. Se decía que el coche era de Pepe Monzón, de Pepito Morales, de Eduardo Cardona, etc. Allí estaban todos, pero el coche no era de nadie, sino de quien convenciera a D.Antonio Cabral y pagara las 355.000 pesetas que costaba.

Aquella maravilla tenía consigo unas restricciones que ordenaba fábrica: Solo se podía usar exclusivamente para competición y se guardaría en el taller de oficial para controlarlo. A cambio, Lancia premiaba con 5.000 pesetas cada vez que ganara la clase o el grupo (grupo 2 clase 1,300 c.c. en aquella época).

Técnicamente el coche era una joya de la época: 118cv para un motor 1300cc, caja de 4 marchas con relación cerrada (solo bajaba de un cambio a otro 500 revoluciones), relación de compresión de 10,5 a 1, radiador de aceite, doble bomba de gasolina (una de reserva), llantas de 5.5 x 13 de Campagnolo de aleación, barra antivuelco detrás de los asientos sin trasversal, deposito de gasolina de 80 litros (medio portabultos era deposito), unas extrañas mangueras verdes que subían por el cristal trasero desde el deposito y que bajaban otra vez hasta el (era para que los gases de la gasolina volvieran al deposito y así no perdía octanaje), carburadores de 40 solex con trompetillas directas (Que ruido espectacular...  sonaba a carreras...), tapa de la culata pintada de los colores de Lancia (azul y amarillo). Estéticamente era de color rojo violáceo (amaranto montebello), rayas desde delante hacia atrás amarillas y azul, puertas con redondel amarillo pintado, capo de aluminio, cristales traseros de plástico.

Junto con el coche, el departamento de competición de Lancia mandaría a la isla a un mecánico italiano para atender el coche. Il signore Busca Bruno, se encargaría de llevar el mantenimiento del vehículo en un principio, sin coste alguno tanto en mano de obra, como en piezas.

Me enamore de aquel coche (en italiano, coche es femenino) y de todo lo que le rodeaba. No me lo pensé dos veces, mi hermano Momín y yo nos fuimos a la exposición de León y Castillo, esquina con Carvajal, para hablar con D.Antonio Cabral. Recuerdo que estaba ocupadísimo, cuando nos toco nuestro turno casi no nos hace caso. Nos comento que el Lancia solo era para competir, y que lo vendería para un piloto que lo estuviera haciendo bien, un piloto puntero. Cayendo un poco en desanimo, mi hermano le comenta a D.Antonio: “Nosotros estamos corriendo y el (en referencia a mi) esta entre los 10 mejores de Canarias en subidas, puede mirarlo en el periódico”. Así lo hizo y me pregunto que con que coche solía correr; “Con un Auto Unión y la furgoneta Audi de mi padre, tracción delantera como el Lancia” le comente. Nos dio luz verde para hacernos con el Lancia.

Entregue 100.000 ptas y el Auto Unión, que no los valoro por 50.000 ptas. El resto lo pagaríamos en letras de las de antes, aunque había que tener en cuenta las que Lancia premiaba con 5.000 pesetas cada vez que ganara la clase o el grupo (grupo 2 clase 1,300 c.c. en aquella época).

Se matriculo con el GC46381 y lo sacamos lo antes posible para hacer el rodaje, ya que la semana siguiente teníamos un rallye (el de Agosto), así que mi hermano y yo empezamos a echar viajes para el sur a 3000 revoluciones para no romperlo. A los tres días de hacer efectiva la compra, llego a la isla desde Italia el mencionado mecánico Sr. Bruno. Lo primero que hizo fue darme la enhorabuena por la compra de tan "Bella Maquina" y a continuación a probarlo fuimos. Yo seguía cambiando a 3000 rpm., por el tema del rodaje, y el me decía; “¿que pasa? porque no forte, piu forte....” le comente lo del rodaje y seguidamente me dice que pare, que el se pone el volante. Cuando veo que lo exprimía hasta las 7500 rpm. para subir marcha, me mosquee y le dije; ¡Que lo rompes Bruno!.

Este Lancia es irrompible, me decía el mecánico con toda la razón del mundo. Volví a coger el coche y le dije que se pusiera bien el cinto. Tiro por la carretera vieja del sur que conocía como la palma de mi mano y le empiezo a mandar chancleta, llegando al túnel de la Marfea entro como iba... el Bruno agarrado me dice; “basta Hilario, basta...”, aparco a la derecha y me da un abrazo mientras me pedía disculpas porque pensaba que no era la persona ideal para llevar aquel coche, circunstancia que de lo contrario podría haberme privado de volver a coger el Fulvia. Sin embargo, se quedo contento y decidimos ir a celebrarlo. ¡Fuerte hombre para beber whisky!.

Era la hora de la verdad, mi hermano y yo nos inscribimos para el I Rallye de Agosto. Un rallye que tenía velocidad (Subida a Tejeda), regularidad kilométrica y hectométrica. Empezamos con una salida lenta, debido al embrague al estar en cuesta y que teníamos montado un grupo largo, pero desde que el coche cogió camino.... ¡Amigo fuerte aparato!, lo hicimos tan rápido que al segundo le metimos 17 segundos, y eso que allí estaba la flor y nata del automovilismo canario. En la regularidad no estuvimos finos, y Manolo Aguilar (Cronometrador) nos cazo en un control escondido entre Santa Lucia - Corralillos que no vimos, mandándonos al 6º puesto de la general, ya que en regularidad la gente afinaba muchísimo. Así y todo fue un éxito, tanto Bruno (mas whisky), D.Antonio Cabral y Miguel; mecánico de 16 años al que Bruno le enseño todos los secretos sobre el Fulvia, para cuando el se fuera, me acompañara a todas las pruebas y que tras nuestro debut se le saltaban las lagrimas, estaban contentos con el rendimiento que dimos en aquella prueba. Los periódicos nos pusieron por las nubes, siendo la sensación aquel fin de semana.

Llegaron las primeras 5.000 ptas de Lancia por la victoria, aunque ni las vi, porque le dije a D.Antonio que las fuera descontando de las letras del coche. Se volvió a llevar a la exposición de León y Castillo donde era continuo el desfile de personas que se acercaban a verlo, y por supuesto, D.Antonio contento con la clientela, era una situación que había que aprovechar.

Tras una semana, Bruno me cito para sacar el vehículo y enseñarme a utilizar el "Pie Izquierdo" sin quitar el derecho del acelerador, una técnica efectiva para colocar el coche de atrás en terrenos deslizantes, como pudiera ser la tierra o la nieve. La primera vez que lo probé, casi lo saco al pobre por el parabrisas, pero todo era practica, ya que el pie izquierdo estaba acostumbrado a la dureza del embrague, en cuanto le pude coger el tranquillo empecé a utilizarlo bastante.

El circuito de La Laguna fue nuestra siguiente prueba, pero esto ya lo dejamos para un siguiente capitulo.

 

Saludos

Hilario Gómez

 

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